Nacer como madre de una manera inesperada

Nacer como madre de una manera inesperada

Hoy hace dos años que nació Yan, mi segundo hijo.  Dar le a luz fue una experiencia reveladora para descubrirme y nacerme  como madre.  Escribo estas lineas para compartir con otras futuras mamas que existen partos felices y que tenemos que compartirlos para cambiar nuestra percepción y actitud de este proceso natural.

Había iniciado clases de yoga para embarazadas con Yaya. Sus palabras y mantras me acompañaron en la dilatación.  Un recorrido en el que pude transformar el dolor en alegría. Dicho así  parece poco, pero poseía un abanico de recursos para empoderarme y ser consciente que el bebé estaba ya en camino.
Cuando venía la ola pude transformar en mi cabeza el dolor y cambiarlo por un gemido de placer. Esta nueva percepción  me aliviaba y me calmaba.  Al cabo de un par de horas me sumergí en la bañera de casa. El agua se convirtió  en un líquido  analgésico. Tanto lo fué que no veía como salir. Cuando ya el dolor se hizo intenso junté el coraje para salir para dirigirme al hospital con la sorpresa de que me sobrevino  un fuerte  impulso de empujar.
En seguida noté ya cómo sobre salía  la cabecita. Llamé a Miquel para ayudarme, apenas podía sujetarme en pie.  Le pedí  que me sujetara  de las caderas desde atrás para ayudarme a  bajar más a la tierra. Y en dos empujones  nació Yan sobre las manos de su padre que lo esperaba como un pececito que salta de un río.  Todo tan rápido que no llegué  a sentir miedo ni pensar en  los mil riesgos posibles pero que no pasaron.  Al recibirlo  lo puse en mi pecho y cuando empezó  a mamar  ya estaba tranquila.
A los 2 minutos como un ángel  tocó el timbre Yaya.  Le había elegido  como Doula.  Su esencia, sonrisa, fuerza, libianez  y ternura maternal me inspiró la intuición  de quererla a mi lado para la dilatación.  La vida que siempre tiene mejores planes de lo que uno tenia  previsto. Me la trajó en el preciso instante que más la necesitaba.  De un salto llegó  desde la puerta a mi espalda. Saltando líquidos y toallas. Como si de una hermana se tratara me dijo «todo está  bien» «apoyate en mi». Sin darme cuenta me había quedado petrificada sentada en el suelo.
Al cabo de unos minutos llegaron los de la ambulancia.  Ellos querían llevarme al hospital  yo estaba sumergida  en un dolor eléctrico para expulsar la placenta.  Miquel sostenía a Yan en sus primeros minutos.  Yaya me «dibujó « una burbuja  de protección  de esas 3 voces externas que me hablaban y preguntaban sin consciencia de la situación  que estaba viviendo.   Ella les pidió que hablaran mas bajito, que no tuvieran prisa y me dió seguridad en el momento más doloroso.
Las mujeres en la historia han vivido este momento de tanta vulnerabilidad solas o con extaños.

Cuando nos fuimos, Yaya con la mayor pureza y amor a la vida recogió todo para que cuando volviera a casa con nuestro nuevo bebé encontrara el nido preparado.

.

Fue el regalo  más grande. Poder disfrutar con consciencia del momento más bello y trascendente de la vida.

Gracias Yaya,

gracias vida,

gracias Yan.

 

UNO LLEGA, CUANDO Y A DÓNDE TIENE QUE LLEGAR

 

Aleli fue la primera mujer que me pidió si la acompañase en el nacimiento de su segundo hijo. Fue un honor para mi, como lo es con cada mujer, familia, que me invita a acompañarles.

Cuando nos reunimos y hablamos de las ideas que ellos tenían de su parto, ella no estaba muy segura de que si su pareja Miquel le sabría dar lo que ella iba a necesitar en su momento y por ello decidieron tener una Doula.  Cuando vinieron al taller de parejas El Umbral del nacimiento:  me encantó ver la profunda conexión entre ellos, la sensibilidad de los dos y como se escuchaban y honraban entre ellos.

Como cada nacimiento, sea como sea,tiene gran aprendizajes y regalos para cada familia y cada persona presente,  el nacimiento de Yan desde mi vivencia tuvo el gran regalo para esta familia preciosa y es que ellos dos supieron hacer lo que tenían que hacer, apenas sin hablar, uno para el otro, dando la bienvenida al mundo a su segundo hijo. Miquel en ningún momento dudó lo que tenía que hacer y Alelí con su sabiduría guiaba a sus dos hombres. Y así nació Yan su segundo hijo.

Cuando llegué corriendo, porque ya sentía que hacía falta correr, Miquel me abre la puerta, su ropa llena de señales que una nueva vida acaba de llegar a la tierra, en el fondo, en una cueva oscura del baño Alelí susurrando- “Jaja, ya está aqui, ha nacido.” Sé que como doula estoy donde hace falta que este y llego cuando tengo que llegar.

Una semana más tarde cuando vine a visitarles, Alelí irradiaba una luz impresionante y me decía: “ahora entiendo lo que significa sentirse empoderada, siento que puedo con todo”.Aunque los días de postparto pueden ser intensos a todos los niveles, esta chispita de fuerza en su interior ya esta ardiendo. Y así me fui, llena de alegría por la vida, llena de la fuerza que las mujeres poseemos y llena de la esperanza que el mundo va recuperando su raíces.

Gracias familia, os quiero.